Cuando por fin se sienta frente a un cirujano bariátrico, lo habitual es que lleve meses leyendo. Sabe qué es una manga gástrica, ha visto vídeos de la operación, conoce los testimonios. Para lo que casi nadie se prepara es para la consulta en sí: cuarenta minutos en los que un desconocido decide si va a operarle el estómago y en los que usted debe decidir si se lo permite.

Esa cita no es un examen que se pueda suspender. Es la única ocasión que tendrá de entrevistar a la persona que sostendrá la grapadora. Un buen cirujano espera preguntas y las responde sin impaciencia. Las que siguen son las que los pacientes dicen que ojalá hubieran hecho, ordenadas según transcurre realmente una consulta. Imprímalas o guárdelas en el móvil y vaya una por una.

¿Por qué esta operación para mí y qué descartó?

Empiece por aquí, porque la respuesta revela cómo piensa el cirujano. Quiere oír qué procedimientos se valoraron para su caso concreto y por qué se apartaron los demás. Un reflujo que le despierta por la noche aleja de la manga gástrica. Un peso de partida muy alto, una diabetes tipo 2 de largo recorrido o una acidez crónica intensa empujan la recomendación en direcciones distintas.

Si la respuesta se reduce a que la clínica hace sobre todo una operación, ya ha aprendido algo importante. Pregunte sin rodeos: ¿qué recomendaría si yo fuera su hermana? La duda, o su ausencia, dice mucho.

Pregunte también qué ocurre con la parte del estómago que se extirpa o se deja fuera del tránsito, y si la operación puede deshacerse. La manga gástrica retira de forma permanente la mayor parte del estómago. El bypass desvía el intestino y en principio puede revertirse, aunque la reversión es en sí una cirugía mayor. Nadie debería firmar un consentimiento sin saber en cuál de las dos situaciones se encuentra.

¿Cuánto peso voy a perder y en cuánto tiempo?

Aquí se separa el cirujano honesto del comercial. La sociedad estadounidense de cirugía metabólica y bariátrica señala que más del 95 % de los pacientes pierde al menos la mitad de su exceso de peso, y que los operados de bypass pierden inicialmente alrededor del 70 % del exceso. Johns Hopkins describe que la mayoría pierde más de la mitad del exceso de peso en uno o dos años.

Fíjese en qué miden esas cifras. El exceso de peso es el que está por encima de un rango saludable, no su peso total. Quien supera en 60 kilos ese rango y pierde el 70 % del exceso ha perdido 42 kilos, no el 70 % de su peso corporal. Pida a su cirujano que traduzca el porcentaje a kilos para su cuerpo y pregunte cuál es la cifra realista a los seis meses, al año y a los dos años, porque la curva se aplana.

Pregunte además qué consiguen sus propios pacientes, no qué dice la bibliografía. Un programa que registra sus resultados responderá; uno que no los registra cambiará de tema.

¿Cuáles son mis riesgos concretos?

Las estadísticas generales tranquilizan y apenas sirven. Una serie amplia de 209.116 pacientes halló un riesgo de muerte por la cirugía del 0,16 %, aproximadamente 1 de cada 600, más bajo de lo que mucha gente supone. Pero su cifra no es la media. La apnea del sueño, el tabaco, un índice de masa corporal en la parte alta del rango, una cirugía abdominal previa y una diabetes mal controlada la modifican.

Pregunte entonces: con mis antecedentes, ¿cuáles son mis tres mayores riesgos y qué hace usted para reducir cada uno? Después pregunte por las complicaciones que el servicio de salud británico enumera para estas operaciones, para oírlas del cirujano y no de un foro a las dos de la madrugada: coágulos en la pierna que pueden viajar al pulmón, una fuga de la línea de grapas en los días o semanas siguientes, infección de la herida, un estrechamiento u obstrucción del intestino y cálculos biliares que se forman al perder peso deprisa.

Nada de esto es motivo para rechazar la cirugía. La obesidad grave sin tratar tiene su propia mortalidad, y los mismos datos muestran que la cirugía reduce la muerte por cualquier causa alrededor de un 40 % y la relacionada con la diabetes en más de un 90 %. La cuestión es escuchar las dos columnas del balance de boca de quien va a operarle.

¿Quién me duerme y quién más estará en el quirófano?

Los pacientes preguntan por el cirujano y olvidan al anestesista, que es quien maneja su vía aérea y su tensión durante toda la intervención. Pregunte si lo conocerá antes del día de la operación, qué experiencia tiene con pacientes de su peso y si le estudiarán primero una posible apnea del sueño, porque una apnea no diagnosticada cambia el manejo de la anestesia.

Pregunte quién opera si el cirujano asignado no está disponible y si alguna parte se delega en un médico en formación. Un hospital universitario no tiene nada de malo, pero usted tiene derecho a saberlo.

¿Cómo serán las cicatrices y cómo será la primera semana?

La mayoría de estas operaciones se hacen por unas pocas incisiones pequeñas. Pregunte cuántas, dónde y qué aspecto espera el cirujano que tengan dentro de un año. Pregunte en qué circunstancias habría que convertir a cirugía abierta durante la intervención y con qué frecuencia le ocurre.

Luego pregunte por lo práctico de la primera semana: cuántos días de ingreso, cuánto dolor, cuándo podrá ducharse, cuándo conducir y cuándo volver al trabajo. La sociedad estadounidense sitúa la reincorporación habitual en una o dos semanas, con la caminata recomendada ya desde el hospital y ejercicio de bajo impacto durante el primer mes.

¿Y si no funciona?

Esta pregunta incomoda a las clínicas, y justo por eso merece hacerse. A la mayoría de las personas les vuelve algo de peso. La sociedad estadounidense cifra la recuperación en torno al 5 % del exceso de peso dos años o más después de la operación, y tanto Johns Hopkins como la sociedad incluyen la reganancia entre los asuntos esperables a largo plazo, no entre los fracasos raros.

Pregunte cuál es el plan si se estanca a los seis meses, a quién verá, y si se ofrece cirugía de revisión, quién la haría y a cargo de quién. Para quien viaja al extranjero a operarse, ese último punto no es un detalle. Deje cerrado antes de reservar quién paga si hay que rehacer algo y dónde se haría. Nuestra guía sobre cómo elegir hospital para cirugía bariátrica en el extranjero explica el acuerdo escrito donde esto debe constar.

¿Qué tendré que hacer el resto de mi vida?

La operación dura unas horas. El compromiso es permanente, y un cirujano que pasa por encima de esto no le está haciendo ningún favor. Pregunte en concreto por tres cosas.

Suplementos. Tras estas operaciones se necesita un multivitamínico de por vida, y hierro, calcio y vitamina D suelen requerirse en dosis más altas. Pregunte qué productos concretos recomienda y si puede conseguirlos donde vive.

Analíticas. La sociedad estadounidense aconseja revisar los valores de laboratorio al menos una vez al año, de forma indefinida. Pregunte quién las solicita si le operaron en otro país y qué quiere ver el cirujano en los resultados.

Alimentación. Pida el plan por fases por escrito antes de viajar, no después. Si quiere ver cómo es en la práctica, nuestra guía sobre la alimentación tras la manga gástrica expone la progresión habitual de líquidos a sólidos.

¿Y el embarazo, los medicamentos y el alcohol?

Son las preguntas que la gente deja para el final, ya de pie en la puerta, cuando deberían ir al principio.

Si el embarazo entra en sus planes, dígalo en la consulta. La mayoría de las sociedades aconseja esperar de 12 a 18 meses tras la operación antes de concebir, y la sociedad estadounidense señala que los anticonceptivos orales son menos fiables en pacientes con obesidad y que los ciclos pueden volverse irregulares mientras cambia el peso.

Lleve la lista completa de su medicación. La absorción cambia tras estas operaciones y las dosis de los fármacos para la diabetes, la tensión y el estado de ánimo pueden necesitar ajuste, a veces en días. Johns Hopkins apunta que la glucemia suele mejorar de inmediato, antes de una pérdida de peso apreciable, y que algunos pacientes salen del hospital con dosis menores o sin medicación.

Hable del alcohol con franqueza. La sociedad estadounidense describe problemas con el alcohol en torno al 7 a 10 % de los pacientes operados, una cifra que sorprende y que merece una conversación directa en lugar de un folleto.

¿A quién llamo a las tres de la mañana?

Consiga un nombre, un número y un idioma. Si se trata en el extranjero, pregunte quién responde durante las primeras seis semanas, en qué idioma, y qué ocurre cuando ya está en casa y algo va mal.

Pregunte al cirujano qué síntomas obligan a ir al hospital de inmediato en lugar de esperar. El servicio de salud británico cita como urgencias el dolor torácico o la falta de aire junto con dolor e hinchazón en la pierna, el dolor abdominal intenso y el vómito con sangre o con aspecto de poso de café; y señala la fiebre, el pulso acelerado, el vómito persistente o la dificultad para tragar como motivos para buscar atención urgente el mismo día. Anótelos.

Las respuestas que deberían preocuparle

Después de tres o cuatro consultas aparecen los patrones. Desconfíe de la clínica que da un precio antes de explorarle, de la que ofrece la misma operación a todo el mundo, de aquella en la que nadie menciona el seguimiento, de la que garantiza resultados y de la que le empuja a comprar vuelos mientras usted todavía lo está pensando. Desconfíe igual del cirujano que se niega a hablar de complicaciones o que se molesta cuando le preguntan cuántas de estas operaciones hace al año.

Las buenas respuestas son concretas, mencionan contrapartidas, incluyen cifras y le dejan margen para irse a pensar. Tiene derecho a llevarse la lista a casa, consultarlo con la almohada y volver. Si quiere entender cómo se realiza la intervención y qué incluye un programa completo, empiece por nuestra página sobre la cirugía de manga gástrica en Turquía.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto debería durar una consulta bariátrica?

No hay una regla fija, pero una primera consulta que recoja sus antecedentes, una exploración, la discusión de qué operación y por qué, y tiempo para sus preguntas rara vez cabe en diez minutos. Si la cita es más corta que el papeleo posterior, pida una segunda.

¿Es de mala educación preguntar cuántas operaciones ha hecho?

No. Es una pregunta habitual y los cirujanos con experiencia la responden sin titubear. Pregunte cuántas intervenciones de ese tipo concreto realiza al año y desde cuándo. La reticencia a contestar ya es una respuesta.

¿Debo pedir una segunda opinión?

Si tiene dudas, sí. Ver a dos o tres cirujanos le cuesta tiempo, no seguridad, y con frecuencia es la comparación la que aclara la decisión. Lleve la misma lista de preguntas a cada uno para comparar lo comparable.

¿Qué debo llevar a la consulta?

Una lista de su medicación y sus dosis, un resumen de operaciones previas, analíticas recientes, su historia de peso con lo que ya ha intentado y sus preguntas por escrito. Si la consulta es a distancia, envíelo antes para que el cirujano lo haya leído al hablar con usted.

¿Puedo hablar con un paciente ya operado?

Puede pedirlo, y algunos programas tienen grupos de apoyo que lo facilitan. Trate los testimonios seleccionados con más cautela que un grupo abierto, y recuerde que la experiencia de una sola persona, buena o mala, no sustituye a los datos de resultados del centro.

Antes de reservar

La calidad de su consulta es la mejor señal temprana que tendrá sobre la calidad de su atención. Un cirujano que responde con paciencia a veinte preguntas le está mostrando cómo será el seguimiento de los próximos diez años. El que se irrita en la quinta también se lo está mostrando.

Lleve la lista y pregúntelo todo. Si las respuestas se sostienen, mire después el lado práctico del lugar donde se tratará, incluido el programa completo de manga gástrica y lo que cubre antes y después de la operación.

Para ampliar, fuentes clínicas independientes: las preguntas frecuentes de la sociedad estadounidense de cirugía metabólica y bariátrica, la página del servicio de salud británico sobre complicaciones de la cirugía de la obesidad y Johns Hopkins Medicine sobre cirugía bariátrica.

Este artículo ofrece información general y no constituye consejo médico. No puede tener en cuenta su historia clínica, y las instrucciones de su equipo quirúrgico prevalecen siempre sobre lo que lea aquí. Consulte cualquier decisión sobre cirugía de la obesidad con un médico cualificado que le haya examinado.